Experimentos con chimpancés inspirados en el monolito de ‘2001’ muestran por qué nos fascinan los cristales
Inspirados en el misterioso monolito de 2001: Una odisea del espacio, varios investigadores observaron cómo reaccionaban unos chimpancés ante cristales y piedras comunes. Los primates no solo mostraron una clara preferencia por los cristales, sino que también fueron capaces de identificarlos rápidamente entre numerosos guijarros. Los resultados ofrecen nuevas pistas sobre el posible origen evolutivo de la fascinación que estos minerales ejercen sobre los seres humanos desde la prehistoria.